Carlos Slim dominó el mercado del tabaco con Cigatam y Marlboro
La figura de Carlos Slim Helú está hoy asociada principalmente con las telecomunicaciones y la riqueza multimillonaria, pero pocos recuerdan que uno de los capítulos más fructíferos de su carrera empresarial estuvo ligado al negocio del tabaco. A comienzos de los años ochenta, en medio de una profunda crisis económica, Slim se adentró en una industria que entonces representaba un mercado enorme y estable en México.
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La clave fue Cigarrera La Tabacalera Mexicana (Cigatam), una compañía que no solo distribuyó productos propios, sino que se convirtió en la plataforma perfecta para introducir marcas de alto reconocimiento internacional en el mercado nacional. Entre ellas, la más destacada fue Marlboro.
Cómo Cigatam cambió el rumbo del tabaco en México
La adquisición de Cigatam no fue casualidad. Slim aprovechó las oportunidades que surgieron tras la recesión de 1982, cuando muchas empresas enfrentaban problemas financieros y ofrecían acciones a precios bajos. En ese contexto, Slim compró Cigatam y cerca del 40 % de Cigarrera La Moderna, un competidor directo que ya tenía presencia significativa en el mercado.
Desde entonces, la estrategia fue clara: reestructurar la compañía, eliminar marcas poco rentables y apostar fuerte por productos con mayor potencial de ventas. El corazón de esa estrategia fue Marlboro, que en ese momento contaba con una participación marginal en el país, pero con un enorme reconocimiento global. Para lograrlo, se ajustaron precios, se fortaleció la red de distribución y se impulsó la publicidad, sobre todo en canales tradicionales como la televisión.
Dominio de mercado: del 6 % al liderazgo

Los resultados fueron notables. En apenas seis años, Cigatam elevó su participación de mercado con Marlboro a aproximadamente 40 % de las ventas de cigarrillos en México, una cifra que representó una transformación importante en la industria local. Esta consolidación no solo convirtió a la empresa en un actor dominante, sino que también convirtió al negocio del tabaco en uno de los activos más valiosos dentro del conglomerado empresarial de Slim —antes de que su atención se dirigiera a sectores como las telecomunicaciones y la infraestructura.
Este ascenso fue respaldado además por una alianza con Philip Morris, el gigante estadounidense del tabaco, que aportó experiencia global y apoyo operativo para impulsar las marcas dentro del país. Con ello, Cigatam consolidó una posición de liderazgo en un mercado que entonces estaba dominado por solo unas pocas grandes compañías.
¿Por qué vendió Slim su participación?
El cambio de milenio marcó un punto de inflexión tanto para la industria del tabaco como para la estrategia de inversiones de Slim. El mercado global y local comenzó a verse afectado por restricciones publicitarias, mayores impuestos y una creciente conciencia sobre los efectos negativos del consumo de tabaco en la salud pública. Estos cambios transformaron el negocio, haciéndolo menos atractivo para un conglomerado orientado al crecimiento y diversificación.
A partir de entonces, Grupo Carso empezó a reducir su participación en Cigatam. En 2001, Philip Morris compró un 30 % adicional de la empresa a Slim por alrededor de 1 100 millones de dólares, dejando a Carso con solo una quinta parte de la compañía. Más adelante, en 2007 y 2013, Slim vendió el resto de su participación, consolidando a Philip Morris como dueña de Cigatam y marcando su salida definitiva de la industria del tabaco en México.
Legado e impacto empresarial
La historia de Slim en el negocio del tabaco no es solo un capítulo interesante de su trayectoria empresarial, sino también un ejemplo de cómo visionarios inversores pueden transformar sectores tradicionales, incluso en tiempos de crisis. La jugada con Cigatam y Marlboro ayudó a generar el capital y la liquidez necesarios para financiar otras grandes inversiones que definirían su posición como uno de los empresarios más influyentes del continente.
Hoy, aunque el cigarro ya no es el motor principal de su riqueza, ese periodo permanece como una pieza clave en la historia económica del México moderno: fue la antesala de un imperio que pasó del tabaco a las telecomunicaciones, los servicios financieros y la tecnología, abarcando múltiples sectores.
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