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¿Te quieres ir a vivir con tu pareja? Esto debes tomar en cuenta antes de dar el paso

febrero 3, 2026   |  
¿Te quieres ir a vivir con tu pareja? Esto debes tomar en cuenta antes de dar el paso
Foto de DocuSign en Unsplash

Vivir con tu pareja suele imaginarse como una etapa llena de ilusión: despertar juntos, compartir rutinas y construir un hogar en común. Sin embargo, detrás de esa imagen romántica hay un factor que puede marcar la diferencia entre una convivencia sana y una relación llena de tensiones: el dinero. Vivir juntos no es solo una decisión emocional, también es un proyecto financiero que requiere planeación, acuerdos claros y mucha comunicación.

Te sugerimos: Cómo dividir los gastos con tu pareja sin entrar en conflictos

De acuerdo con datos del INEGI, más del 40% de las parejas jóvenes en México que viven juntas señalan que el manejo del dinero fue una de las principales causas de conflicto durante los primeros meses de convivencia. Esto ocurre porque, de pronto, los gastos dejan de ser individuales y pasan a ser compartidos, mientras que las ideas sobre ahorro, consumo y deudas no siempre coinciden.

El primer paso: hablar de dinero sin rodeos

Antes de firmar un contrato de renta o empacar cajas, es fundamental sentarse a hablar con total transparencia. No basta con decir “mitad y mitad”. Cada pareja necesita construir un presupuesto realista que refleje sus ingresos, prioridades y estilo de vida.

Conviene empezar por enlistar los gastos fijos: renta o hipoteca, servicios como agua, luz, gas e internet, mantenimiento del hogar, despensa, transporte y un fondo para imprevistos. Una fórmula que suele funcionar es adaptar la regla 50/30/20 a la vida en pareja:

  • 50% para gastos básicos compartidos.
  • 30% para gastos personales, que cada quien maneja por separado.
  • 20% para ahorro o pago de deudas.

Deudas: el tema incómodo que no se puede evitar

Las deudas son uno de los puntos más delicados al iniciar la convivencia. Tarjetas de crédito, préstamos personales o pagos pendientes deben ponerse sobre la mesa desde el inicio. La pregunta clave es: ¿cómo afectan estas deudas al proyecto en común?

Lo más recomendable es que cada persona sea responsable de las deudas que adquirió antes de vivir juntos. En cambio, cualquier deuda nueva —como un crédito para muebles o electrodomésticos— debe decidirse de manera conjunta. Esto ayuda a evitar resentimientos y a mantener un equilibrio financiero.

Contrato de renta y protección legal

Otro aspecto que muchas parejas pasan por alto es el contrato de arrendamiento. Cuando solo una persona figura como titular, la otra queda en una posición vulnerable si la relación termina o surgen conflictos. Una alternativa más equilibrada es que ambos firmen como arrendatarios solidarios, lo que implica responsabilidades compartidas, pero también protección para ambas partes.

Si el plan a mediano o largo plazo es comprar una vivienda, conviene revisar desde ahora el buró de crédito de ambos. Un historial negativo puede complicar seriamente el acceso a un crédito hipotecario.

Seguros y gastos que cambian al vivir juntos

El hecho de vivir con tu pareja también modifica la forma de protegerse financieramente. Seguros de gastos médicos mayores, de auto o incluso seguros de vida pueden requerir ajustes. Algunas aseguradoras ofrecen condiciones especiales o descuentos para pólizas familiares, por lo que vale la pena comparar opciones y actualizar coberturas.

El ahorro conjunto como base del futuro

Más allá de los gastos diarios, el ahorro compartido es lo que realmente construye un proyecto sólido. Abrir una cuenta exclusiva para metas comunes —como un viaje, una boda, la llegada de hijos o el enganche de una casa— ayuda a mantener el enfoque.

Lo ideal es establecer una cantidad fija mensual, aunque sea pequeña, y no usar ese dinero para otros fines. Revisar el presupuesto cada mes, celebrar los avances y hacer ajustes cuando sea necesario fortalece tanto las finanzas como la relación.

Vivir con tu pareja puede ser una de las etapas más bonitas, siempre que el dinero no se convierta en un enemigo silencioso. Hablar de finanzas no es poco romántico; es una forma de cuidarse mutuamente y de construir estabilidad. Antes de mudarse, tener esa conversación puede marcar la diferencia entre una ilusión pasajera y un proyecto de vida bien cimentado.

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