Innovación digital, clave en la transición energética en México
La digitalización, IA y almacenamiento energético fortalecen la transición energética en México y hacen viable la expansión renovable.
En el contexto actual marcado por la cuestión climática, la presión de los mercados por cumplir criterios ESG y la necesidad de fortalecer la competitividad industrial, la innovación tecnológica se ha convertido en el eje de la transición energética en México.
Señalar que el verdadero cambio está en la capacidad de gestionar la energía con inteligencia, datos y modelos digitales que permitan integrar renovables sin comprometer la estabilidad del sistema eléctrico.
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Israel García Palacios, Market Manager de la Unidad de Negocios de Automatización de Redes de Hitachi afirma que el crecimiento solar y eólico en el país depende menos de la capacidad instalada y más de la capacidad de administrarla con precisión y transmitirla eficientemente.
La intermitencia (la variabilidad natural del sol y el viento) es el principal reto técnico y para enfrentarlo la digitalización de las redes eléctricas está incorporando inteligencia artificial y machine learning que permiten pronósticos meteorológicos de alta resolución y modelos predictivos de generación.
Estos sistemas anticipan variaciones en la radiación o el viento, y ajustan en tiempo real el despacho eléctrico, reduciendo riesgos de sobrecargas o interrupciones, de acuerdo con el especialista.
Uno de los avances que más ha modificado la ecuación económica es el almacenamiento energético. En los últimos cinco años el costo por kilowatt-hora de almacenamiento ha disminuido alrededor de 30%, tendencia similar a la reducción en el precio de las celdas solares.

Las baterías a escala industrial permiten capturar los excedentes en horas de alta generación y liberarlos en picos de demanda, estabilizando precios y fortaleciendo la confiabilidad del sistema.
García Palacios afirma que las redes inteligentes y el almacenamiento están convirtiendo la expansión renovable en una decisión técnica y financieramente viable. Una red que monitorea y gestiona activamente reduce pérdidas, evita sobrecargas y minimiza interrupciones, lo que se traduce en menos eventos críticos y mayor certidumbre para proyectos que dependen de despachar energía de manera continua.
En el ámbito empresarial, la integración de renovables ya no es sólo una decisión ambiental, sino estratégica ya que la generación propia reduce la dependencia de la red, permitiendo esquemas mixtos que impactan directamente en la estructura de costos. Aunque existe inversión inicial, el retorno se observa en pocos años gracias a la disminución sostenida del gasto eléctrico.
Además, contar con certificados de energías limpias se ha convertido en un requisito para acceder a ciertos mercados. Cada vez más empresas exigen a sus proveedores que utilicen energía renovable en sus procesos, lo que coloca a la transición energética como condición de acceso a cadenas de valor más exigentes.
Sectores como alimentos y bebidas, automotriz y manufactura lideran esta adopción, impulsados por la necesidad de evitar paros operativos con software especializado y monitoreo digital.
Para el especialista, la información en tiempo real permite priorizar inversiones y optimizar presupuestos.
La digitalización también redefine la gestión de la huella de carbono. Sistemas avanzados procesan millones de datos por segundo para identificar consumos atípicos, optimizar cargas y determinar qué fuente energética conviene utilizar en cada momento. Así la reducción de emisiones deja de ser un objetivo abstracto, convirtiéndose en resultado de decisiones técnicas informadas.
Aquí resultan clave las alianzas tecnológicas, como la colaboración de Hitachi Energy y Microsoft, que ilustra cómo la gestión de redes eléctricas puede potenciarse con plataformas de datos en la nube e inteligencia artificial, con lo que se garantiza un procesamiento seguro y eficiente de información crítica.
Para las pymes este también es un escenario favorable, ya que la caída de los costos tecnológicos y la disponibilidad de soluciones modulares les permiten inversiones con retornos cada vez más cortos. Logrando así que la discusión ya no se centre únicamente en el desembolso inicial, sino en los ahorros energéticos futuros y la estabilidad operativa que ofrecen estas tecnologías.
A largo plazo la integración de las energías renovables fortalecerá la resiliencia económica, impulsará el empleo verde y mejorará la conectividad global del país.
Diversificar fuentes, digitalizar sistemas y gestionar con datos no sólo reduce costos, redefine el modelo de negocio.
En la transición energética mexicana el valor ya no residiría únicamente en el megawatt instalado, sino en la inteligencia con la que se administra.