¿Qué partes de tu cerebro se “apagan” según para qué usas la inteligencia artificial?
La inteligencia artificial (IA) se ha integrado rápidamente en la vida diaria y profesional, desde asistentes para redactar textos hasta herramientas que resuelven problemas complejos. Pero esta comodidad tiene un efecto observable en la actividad cerebral. Investigaciones recientes, como las del MIT Media Lab, muestran que delegar tareas cognitivas en la IA no solo ahorra esfuerzo, sino que altera la forma en que distintos circuitos neuronales trabajan. Así es tu cerebro se ve afectado por la inteligencia artificial.
Este fenómeno no significa que el cerebro “se apague” como un interruptor, sino que ciertas redes neuronales disminuyen su actividad cuando la IA asume funciones que antes realizábamos por nuestra cuenta. El resultado es una menor conectividad y participación de regiones clave en tareas cognitivas complejas.
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IA y la escritura: menor actividad en planificación y creatividad
Cuando se usa IA para redactar textos largos o ensayos completos, se observa una disminución significativa en la activación de la corteza prefrontal, una región crucial para la planificación, la toma de decisiones y el pensamiento creativo. En esta área es donde el cerebro genera ideas propias, organiza argumentos y mantiene el enfoque en tareas complejas.
El estudio del MIT Media Lab encontró que los participantes que confiaron en IA para escribir mostraron una conectividad global mucho más débil que aquellos que escribieron sin asistencia. En comparación con los que usaron solo su cerebro o un motor de búsqueda, la IA generativa redujo considerablemente la comunicación entre regiones cerebrales vinculadas con atención y control ejecutivo.
Este efecto se traduce en menos sensación de propiedad sobre lo escrito y una peor capacidad para recordar o citar el contenido generado, pues el cerebro no tuvo que “sudar” para producirlo.
Búsqueda de información: impacto en memoria semántica
Si la IA se usa principalmente para buscar información o responder preguntas rápidas, el impacto se siente en áreas asociadas con la memoria, como el hipocampo y regiones temporales. Estos circuitos suelen activarse cuando la mente recupera datos aprendidos y los integra con nueva información.
Aunque motores de búsqueda como Google ya habían mostrado que la externalización de la memoria puede debilitar la retentiva, los modelos de IA que sintetizan respuestas completas amplifican este efecto. Con IA generativa, el cerebro no necesita activar intensamente las redes de memoria de trabajo ni las de integración conceptual, lo que puede reducir la capacidad de recordar hechos por cuenta propia a largo plazo.
Este fenómeno se relaciona con lo que algunos expertos denominan “deuda cognitiva”: cuando se confía tanto en herramientas externas que la memoria interna y los procesos de recuperación se ejercitan cada vez menos.
Cálculo y lógica: menor entrenamiento del parietal
En tareas de cálculo o resolución matemática apoyadas en IA, se registra una reducción de actividad en el lóbulo parietal, la región del cerebro asociada con el procesamiento numérico y la lógica espacial. Esto recuerda lo que pasó con las calculadoras tradicionales: agilizaron operaciones simples, pero disminuyeron la práctica mental en cálculos básicos.
Con IA generativa que no solo calcula sino que también explica los pasos, el efecto puede ser incluso más profundo, ya que el cerebro deja progresivamente de activar circuitos de razonamiento lógico de forma autónoma.
Navegación y mapas mentales: hipocampo y GPS
Por último, cuando se emplea IA integrada en sistemas de navegación, como asistentes que guían rutas automáticamente, se ve afectado el hipocampo derecho, implicado en la construcción de mapas mentales del entorno. Estudios previos con aplicaciones de GPS mostraron que quienes dependen de estas herramientas tienen menor desarrollo de esta área comparado con quienes memorizan rutas.
Este mismo principio se aplica a la IA más avanzada: el cerebro reduce la actividad espacial y de orientación cuando ya no necesita construir mentalmente una ruta, lo que puede disminuir la capacidad de navegación independiente con el tiempo.

La inteligencia artificial no “destruye” el cerebro, pero modula la actividad neuronal según la tarea: menor activación en corteza prefrontal para escritura compleja, menor participación del hipocampo para memoria, y menor uso del parietal para lógica y cálculo.
Lo esencial está en el equilibrio: aprovechar la IA para agilizar procesos rutinarios, pero mantener el cerebro activo en funciones cognitivas profundas que estimulan la reflexión, el análisis y la memoria propia.
La inteligencia artificial cambia la forma en que pensamos y trabajamos, y entender qué partes de nuestro cerebro reducen su actividad según el uso es clave para integrar estas herramientas de forma saludable y productiva.
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