En todo el mundo, el precio del café ha aumentado de forma considerable, alcanzando niveles que no se veían desde hace décadas. Este incremento no sólo afecta a los consumidores, también tendrá un impacto en las cadenas comerciales y franquicias de café, las cuales dependen de este insumo como su producto principal.
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El café es una de las bebidas más consumidas del planeta y, para millones de personas, un producto de consumo diario. Desde 2021 se ha observado un incremento anormal en su precio, impulsado por factores como el cambio climático, la reducción de cosechas y las disrupciones logísticas globales. Sequías prolongadas, heladas inesperadas y plagas han afectado los cultivos en regiones tradicionalmente productoras, disminuyendo la oferta en un mercado que no ha dejado de crecer en demanda.
Los principales productores de café se encuentran en la llamada Franja Cafetalera (o Cinturón del Café), que recorre regiones tropicales del hemisferio sur. Brasil, Vietnam, Colombia e Indonesia encabezan la lista de países exportadores. Sin embargo, todos enfrentan hoy presiones simultáneas: fenómenos climáticos extremos, incremento en los costos de producción y tensiones económicas internas. Estas condiciones han generado una reducción en los volúmenes exportables y un aumento global en el precio de la materia prima.
Aunque el café es un producto altamente comerciado, las condiciones laborales en muchas fincas están lejos de ser óptimas. El incremento en costos de fertilizantes, transporte y mano de obra ha reducido los márgenes de los productores, obligándolos a trasladar esos incrementos a los intermediarios y, en última instancia, al consumidor final. La presión sobre el precio no responde a un fenómeno especulativo, es estructural.
Las franquicias de cafetería se encuentran especialmente expuestas a esta escalada de precios. Su modelo de negocio depende de grandes volúmenes de compra y consistencia en la calidad del grano. Con un mercado en alza sostenida, las cadenas tendrán que enfrentar tres efectos principales:
En un mercado donde una taza de café también simboliza experiencia y estilo de vida, las franquicias deberán equilibrar precios con valor percibido. La diferenciación ya no estará sólo en el sabor, sino en la capacidad de comunicar los valores que cada marca defiende para mantener la taza de café a un precio justo pero con calidad.
El incremento histórico en el precio del café representa un desafío directo para las franquicias del sector, ya que es muy probable que el aumento no sea temporal. Adaptarse implicará revisar costos, reformular estrategias comerciales y fortalecer la propuesta de valor y, por supuesto, será una prueba de fuego para los consumidores más leales de cada franquicia.
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